
Pensar simplemente en los edificios es algo absurdo. Ver la volumetría es meramente superficial sino prestamos atención al motor primordial, las personas. Estas moldean el perfil de una ciudad, no los edificios. Los edificios son reacciones que corresponden a las personas, experiencias (en un cuando y en un donde). Son el reflejo de una civilización, reflejo de aspiraciones y necesidades.
Las personas viven en constante cambio, ya sea fisiológico, biológico, emocional, político, económico o social. De esta manera, la ciudad cambia, se transforma, enriquece en posibilidades de experiencia. Y, si la experimentamos, la conocemos. Eso quiere decir decir que la hacemos nuestra, la hacemos parte de nosotros creando un vínculo con ella. Como si estuvieramos conociendo a algún amorio que nos impulsa a movernos alrededor de ella. Esa es la ciudad.
No hay q eue olvidar esos espacios nacidos espontáneamente, nacidos por alguna conversación bajo la sombra de un arbol en un verano intenso, por algún puesto de emoliente informal en plena calle, por los carnavales en alguna calle populosa de Lima...
Rodrigo
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